Who´s Cathy?
¿La indie más flamenca?, ¿o la flamenca más indie?
Mitad francesa, mitad gitana y mitad española. Una mezcla racial de lo más exótica. Compositora, músico, escribe sus propias canciones, compone su música y las canta tal y como le sale, desde dentro. Así es Cathy Claret, la autora del Bolleré, la canción que popularizó Raimundo Amador convirtiéndose en uno de sus más grandes éxitos.
Cathy desde siempre sintió fascinación por los diferentes lenguajes del flamenco, de ahí que fuera una de las pioneras en mezclar otros estilos para mezclarlos con el flamenco, siempre en continua experimentación en su música, uniendo el pop minimalista de voz suave y delicada, con los ritmos del cajón y el poderío de las guitarras flamencas. Todo un juego de contrastes. Todo se mezcla bajo la suave voz de Cathy; el caló, la música con juguetes, las rumbas, la bossa-nova.. una receta de especias que elabora sin prisas, dejándolas reposar, consiguiendo darle una vertiente intimista y poética a su canciones.

En los años ochenta era dificil de saber a ciencia cierta donde vivía Cathy Claret. Un día podía estar en los barrios de Can Tunis o la Mina (Barcelona), como podía estar en el barrio de La Paillade ( en el sur de Francia) o en la otra punta del mapa, el Polígono Sur de Sevilla, las llamadas 3.000 viviendas. Siempre viajando allá donde aconteciese una fiesta familiar entre gitanos o lo que se terciara. A mediados de los ochenta, ya instalada en el barrio de Gracia, una jovencísima Cathy Claret con veinte años recién cumplidos tocaba el bajo en un grupo infantil de rumba catalana llamado Las Estrellitas de Gracia. Ella era la mayor de todos, el resto eran unos niños, sobrinos de Moncho y de Peret. Entre ellos se encontraban Sicus (Antonio Carbonell), de Sabor de Gracia y Los Patriarcas de la Rumba, y Yumitus Tutupa, el músico que ahora acompaña a Diego el Cigala. Con tan sólo seis años ya cantaba y tocaba todo tipo de instrumentos y percusiones mientras su madre se afanaba en quitarle el sudor con una toalla entre canción y canción. El grupo se juntaba de verano en verano para tocar, sobre todo para las fiestas del barrio.
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Cathy y Yumitus y Sicus en Las Estrellitas de Gracia.
Todo esto no tendría nada de particular sino fuera porque por aquel entonces la música que hacían era minoritaria, tan sólo la tocaban los gitanos de Gracia y poco más. Y allí se encontraba ya Cathy, viviéndolo desde dentro, no como simple espectadora. Unos cuantos años antes gente como Paco de Lucía, Camarón con “La Leyenda del tiempo” , Gualberto con los Smash, los hermanos Amador en Sevilla con Pata Negra , Gato Pérez en Barcelona dándole nuevos aires a la Rumba Catalana, o Ketama hijos de grandes artistas flamencos, liderado por José Soto “Sorderita” empezaron a mezclar el flamenco con otros ritmos y sonidos, yendo a contracorriente de todo lo establecido. Los poperos sólo podían hacer pop, y los flamencos flamenco. 
El resto de fusiones era deambular en terreno de nadie.Ketama fue uno de los primeros grupos que tuvieron éxito con este tipo de fusiones. Años más tarde, a principios de los noventa, José Soto volvería a unir su arte junto con el de Ketama y un puñado de músicos africanos como el legendario músico de Mali Toumani Diabate entre otros. El proyecto lo llamaron Shongai. Tan buen sabor de boca dejaron, que hicieron una nueva entrega titulándolo Shongai2.
Por aquel entonces Cathy, después de editar “Cathy Claret” (1989) y “Soleil y locura” (1991) que salieron a la venta en diferentes países con un más que notable éxito, anduvo experimentando en la misma onda que los Ketama montando un grupo con gitanos y africanos, mezclando las diferentes músicas, yendo a contracorriente de todas las modas. Cathy eligió seguir lo que le dictaba el corazón en vez de mirar por su bolsillo pudiendo haber encarado su carrera hacía un pop más simple y efectivo de cara a las ventas. Primer gran detalle de hasta que punto podía ser de auténtica nuestra canastera.
Pero esta historia la habíamos dejado con una Cathy veinteañera, la chica que se juntaba con sus amigos cada verano para tocar rumbitas y alegrarse los días entre cantes y bailes. Con el tiempo Cathy empezaría a componer casi a escondidas sus primeras canciones con una guitarra y un rudimentario fostex. Cuando tuvo cuatro canciones terminadas las mandó a la dirección de Virgin París que sacó de la contraportada de un disco. Y el resto es historia. Le propusieron grabar un disco con el mejor productor pop del momento y el resultado fue su disco homónimo “Cathy Claret” lleno de guitarras rumberas a cargo de los hermanos Amador, pop con toques de bossa-nova usando cosas tan deliciosamente originales como usar instrumentos de juguete, o componer una nana cantada en caló, o atreverse a cantar en castellano, inglés y francés en un mismo disco. Todo este derroche de creatividad lo grabó en el 86, pero no vio la luz el hasta el 89, el año en el que se publicó su primer Lp.
Cathy en cierto modo, fue pionera a mediados de los ochenta, cuando todavía no existía un público definido para su propuesta musical. Algo que nunca le han acabado de reconocer, tal vez por ser mujer, o por ser incapaz de venderse. Nunca le reconocieron algo que se ganó por derecho propio, por componer, escribir, arreglar y cantar sus propias canciones. Tuvo un gran éxito con sus dos primeros discos porque contenían grandes dosis de pop y su imagen de chica pop no pasó desapercibida para la industria musical. Sus dos primeros trabajos recibieron críticas inmejorables asegurando que Cathy había inventado un nuevo sonido, una especie de World Music, entre mediterráneo y cosmopolita, minimalista y flamenco. Toda una serie de adjetivos que se podrían resumir en uno solo, bonito. Algo realmente bonito.
Pero Cathy, siendo consecuente con su música y su manera de ser, decidió seguir caminos diferentes a los de una fórmula fácil, montó el ya mencionado grupo multirracial entre gitanos y africanos, pasando también por embarcarse en otro proyecto loco y a contracorriente de todas las modas establecidas, Los Fernández Claret, un grupo formado por tíos y sobrinos de Raimundo y Rafael Amador. Los Fernández Claret lo lideraban Cathy y el Tío Bastian, el tío de Rafael y Raimundo Amador, un personaje más ecléctico y singular que la propia Cathy si cabe. Flamenco, rumbas, instrumentos de juguete, el Bastian tocando la guitarra y el saxofón, la chica cantando como Remedios Amaya, Kititi, otro de los tíos a la guitarra y al cante, Cathy con su flauta travesera y sus juguetes, los taconeos de los chavales, las percusiones al cajón y a los palos. Un sarao de tales dimensiones que ni la crítica ni el público estuvieron preparados en su día para algo así. Al final no acabó de cuajar el proyecto en vista del poco interés que despertó entre el público payo ya que por aquel entonces su música era considerada exclusivamente para los gitanos. Otra vez Cathy y su gente volvían a estar en tierra de nadie.
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Los Fernández Claret.
Pasaron los años, hasta que a mediados de los noventa, las cosas empezaron a cambiar, el rollo de la fusión empezó a llevarse, algo que dio pie a que salieran de debajo de las piedras una cantidad ingente de grupos aflamencados. Ahora tocaba mezclarlo todo y a vender discos, y rodar de bolo en bolo con el “flamenquito guapeao”. Gente como los Pata Negra, Ray Heredia, Kiko Veneno…todos ellos firmaron discos recordados por todos, por ser los precursores de un nuevo sonido. Cuando surgió el boom de la fusión, para entones Cathy ya estaba alejada del mundo de la música, o al menos de la industria, quedando relegada a un segundo plano. De ahí en adelante salieron nuevas propuestas donde mezclaban el flamenco con un montón de estilos, a su manera, gente como Mártires del compás, El bicho, Macaco o Ojos de brujo , son algunos de los casos más representativos.
En el 2000 volvió con La Chica del Viento y siguió en el 2003 con Sussurando, y lo hizo como quien pide permiso para cantar, entre susurro y susurro, portando bajo el brazo un buen ramillete de deliciosas melodías, jaleos flamencos y la inconfundible voz de Cathy. Es ahora, después de firmar estos dos últimos espléndidos trabajos, cuando empiezan a revindicarla desde París y Tokyo donde más caso le han hecho desde sus inicios. La crítica vuelve a reconocerle el innegable talento que nunca perdió para sus composiciones. Ahora vuelve con Gypsy Flower , el disco que está convirtiéndose en un punto de inflexión en su carrera y que tan buenas críticas está cosechando entre los medios y el público. Cathy sigue en la brecha.
David G. Cruz

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