Si se crea el galardón a la paya más calé, habría que acordarse de esta hippy francesa diestra en el arte del susurro. Ya acumulaba méritos, y aquí apuntala su candidatura con una especie de respuesta de las barracas a la sofisticación burguesa de Chambao y otros. Lo hace a base de flamenquismo candoroso, reggae, rumba, soul, trip-hop chabolista, gallinas sampleadas y reminiscencias yeyés, brasileñas y de los Amador.
Igor Cubillo (El País)
La mezcla revive al flamenco para las nuevas generaciones. Tras profetas como Björk o Howie B, que apostaron por la fusión con la música electrónica, hoy la renovación se llaman Cathy Claret y Concha Buika. Tienen duende flamenco y raíces del más allá.
Mercedes Fadrique y Cristina Doménech (CALLE 20)
Cathy Claret, epígono del flamenco fusión, artista atípica, con espectaculares conexiones musicales y nula suerte en lo comercial. Gypsy Flower es más salvaje y vital. Un trabajo que trasciende los limites del flamenco fusión.
Xavi Sancho (El País)
Creciendo a ojos vista y disco a disco. En Gypsy Flower destaca por los tratamientos musicales y unos originales y atrevidos arreglos. Seguir la carrera musical de Cathy resulta una aventura apasionante si tienes las orejas y el corazón abiertos y los dogmas te importan bien poco. Esto es música creada en libertad. Así es como hay que entenderla y disfrutarla.